Un satélite sin control impactará en la tierra entre febrero y marzo

El satélite, que ya no puede ser controlado, podría contener materiales peligrosos y se desconoce dónde podría caer en el planeta. De hecho, es muy escasa la información que se sabe al respecto, más allá que las (pocas) voces que han hablado del tema tratan de minimizar las consecuencias.

«Las agencias gubernamentales apropiadas están monitoreando la situación«, dijo Gordon Johndroe, un vocero del Consejo de Seguridad Nacional. Johndroe no comentó si es posible destruir el satélite con un misil, limitándose a decir que sería inapropiado discutir detalles específicos en estos momentos.

El satélite en cuestión tiene un peso de 9.000 kilogramos y su tamaño es similar a un autobús pequeño, informó la BBC.

Estados Unidos cuenta con una red de satélites espía que es la más densa del mundo (su número se desconoce, ya que buena parte del material correspondiente a esas misiones no ha sido desclasificado), lo que le permite llevar a cabo una guerra de nuevo tipo, renunciando al recurso de bombardeos masivos que caracterizó durante largo tiempo su estrategia militar, en favor de ataques quirúrgicos lanzados desde el espacio.

Las características de estos satélites, cada uno de los cuales cuesta más de mil millones de dólares, constituyen un secreto de Estado, pero se sabe que algunos de ellos funcionan en forma coordinada, lo que permite contar con imágenes en relieve de las zonas observadas.

Para atender necesidades militares, los satélites espía requieren frecuentes correcciones de órbita, una exigencia que implica que disponen de una reserva de energía más importante que los demás artefactos que orbitan alrededor del planeta.

La hidrazina, una sustancia química altamente tóxica, es el carburante de elección para los motores de los satélites «clásicos». Esta sustancia ataca el sistema nervioso central y, en dosis altas, puede ser mortal.

Afortunadamente, según ha-ce saber un informe de la agencia francesa Ineris, la hidrazina se degrada rápidamente bajo el efecto del calor y de los rayos ultravioletas.

Esta es la tecnología que se emplea normalmente en las sondas que deben alejarse de la Tierra, mientras que los satélites espía son colocados en una órbita baja a fin de poder captar el máximo de detalles.

ANTECEDENTES. En enero de 1978, un satélite espía soviético (Cosmos 954), movido por un reactor nuclear, se estrelló en la inmensa área desértica del norte de Canadá. Pero el mayor reingreso no controlado de una nave de la Nasa fue del Skylab, una estación espacial de 78 toneladas abandonada que se salió de su órbita en 1979. Sus restos cayeron sin causar daños en el Océano Índico y en una región oriental de Australia.

En el 2000, ingenieros de la Nasa dirigieron exitosamente la salida de órbita del Observatorio Compton Ganma Ray, usando cohetes a bordo del satélite para hacerlo caer en una zona remota del Pacífico.

Las autoridades creen que en el 2002 restos de un satélite científico entraron en la atmósfera terrestre y se dispersaron sobre el Golfo Pérsico.

«A lo largo de los años numerosos satélites se han salido de sus órbitas y han caído sin causar daños. Estamos considerando opciones para mitigar cualquier daño posible que ese satélite vaya a causar«, agregó Johndroe, ahorrándose todos los detalles.