Una exhortación a la esperanza.

Eran las 12.06 en Washington (15.06 en Uruguay) y el afroamericano Barack Obama se convertía en el presidente de Estados Unidos. Había jurado sobre una Biblia que perteneció a Abraham Lincoln.

Se calcula que más de dos millones de personas se acercaron al Capitolio para presenciar el histórico momento, lo que sería un récord en estas ceremonias, pese a los siete grados bajo cero.

El demócrata Obama, de 47 años, se transformó en el primer presidente negro de Estados Unidos y el 44° de la historia del país. Asume con una imagen positiva del 82% de la gente; además, un 65% cree que será un mandatario «mejor que el promedio». La promesa de encarnar «el cambio», respecto a los ocho años de su antecesor George W. Bush y a las políticas tradicionales de Washington, fue lo que lo llevó a la Casa Blanca.

Y ayer aludió a ello en su discurso inaugural: «El mundo ha cambiado, y nosotros debemos cambiar con él». Su mensaje puso énfasis en el inicio de una nueva era, al tiempo que incluía buenas dosis de realismo y más aún de esperanza.

«Hoy les digo que los desafíos que enfrentamos son reales. Son serios y son numerosos. Ellos no serán vencidos fácilmente o en poco tiempo. Pero sepan esto, ciudadanos de Estados Unidos: serán vencidos», afirmó.

crisis. Con una debacle financiera comparable solo a la Gran Depresión de 1929, una tasa de desempleo del 7,2%, inédita desde 1993, y once millones de estadounidenses sin trabajo (de los cuales, 2,6 millones perdieron el empleo solo en 2008; para recordar una situación similar hay que remontarse a 1945), la crisis financiera actual es la gran preocupación del nuevo gobierno. Y eso quedó reflejado en el discurso.

«Nuestra economía está gravemente debilitada, como consecuencia de la avaricia y la irresponsabilidad de algunos. Pero también por nuestra incapacidad colectiva para tomar las decisiones necesarias para preparar a nuestro país para una nueva era», declaró Obama.

El nuevo presidente prometió una acción «audaz y rápida», con el objetivo de crear empleos y sentar nuevas bases para el crecimiento. Obama y su equipo han ideado un Plan de Reactivación Económica, estimado en US$ 825.000 millones, para crear hasta cuatro millones de puestos de trabajo, recortar impuestos al 95% de la población con menores ingresos, y mejorar la infraestructura del país.

Obama no fustigó la economía de mercado, considerada por muchos como la causa del mal actual. «La cuestión no se basa si ella es una fuerza para el bien o el mal. Su poder para generar riqueza no tiene rival, pero esta crisis nos ha recordado que sin una vigilancia estrecha, la economía de mercado puede descontrolarse, y un país no puede prosperar durante mucho tiempo favoreciendo solo a los más ricos».

Aludiendo a la multitud que se reunió junto al Capitolio «porque habían elegido la esperanza frente al miedo», dijo que ese espíritu debía ser el que saque a EE.UU. de la crisis. «Vamos a proclamar el fin de las falsas promesas, de las recriminaciones y de los dogmas gastados que han ahogado nuestra política por mucho tiempo».

Guerras. Obama dijo que EE.UU. es «una nación en guerra». Hereda de Bush dos conflictos en Irak y Afganistán, un auge del terrorismo islámico y lo que él definió anteriormente como una autoridad internacional menoscabada por ocho años de unilateralismo. «Lo que se espera ahora de nosotros es una nueva era de responsabilidades», afirmó.

Obama rechazó lo que consideró como una «falsa elección entre seguridad y nuestros ideales», en sintonía con el concepto de «diplomacia inteligente» que quiere imprimir en materia de política exterior, mezcla de diálogo y poderío militar.

Recordó que las generaciones anteriores «enfrentaron al fascismo y al comunismo no sólo con misiles y tanques, sino con alianzas y convicciones firmes». Aseguró que el país iniciará una «retirada responsable de Irak» para dejar ese país «en manos de su pueblo» y que forjarán «una paz duramente ganada en Afganistán».

También prometió, a través de alianzas, reducir la amenaza nuclear y el peligro del cambio climático. Sobre el primero de estos temas no mencionó a Corea del Norte ni a Irán, ambos países con pretensiones atómicas. El segundo de los puntos fue prácticamente obviado durante toda la gestión de Bush.

El anunciado cierre de la base de Guantánamo no se incluyó en el discurso, que no tuvo ninguna mención a América Latina.

También advirtió a los enemigos del país bajo la forma del terrorismo. «No pediremos perdón por nuestro estilo de vida. Para aquellos que buscan avanzar en sus objetivos mediante el terror y la matanza de inocentes, les decimos que nuestro espíritu es más fuerte y no podrá ser quebrado», afirmó con tono enérgico.

«Al mundo musulmán (le digo que) buscamos una nueva vía, basada en el mutuo interés y respeto. A aquellos líderes en todo el mundo que buscan sembrar el conflicto, o echar la culpa de los problemas a su sociedad a Occidente, sepan que su pueblo los juzgará por lo que construyan, no por lo que destruyan», agregó.

Obama terminó su discurso con alusiones a los primeros tiempos del Estados Unidos independiente y a la fortaleza de su democracia, a la que calificó de «ejemplo». Por supuesto, el hecho histórico más relevante, que un negro asumiera la Presidencia, no estuvo ausente.

«Esto es el significado de nuestra libertad y credo. Que hombres, mujeres y niños de cualquier raza y religión puedan unirse en este Mall, y que un hombre cuyo padre menos de 60 años atrás podría no ser atendido en un restaurante, puede estar hoy aquí, delante de todos ustedes, prestando el juramento más sagrado». Desde hacía 20 minutos, Obama era el nuevo presidente de EE.UU.