Uruguay apela al libre comercio de transgénicos

Como ya se vaticinaba, el tema originó desde el comienzo dos bandos de diferente parecer entre las naciones productoras de organismos genéticamente modificados (OGM) y los países menos avanzados.

El bloque de los más pobres, que forman uno de los ejes centrales de esta conferencia, quiere un compromiso de responsabilidad por parte de los estados productores de productos transgénicos a la hora de aceptar sus exportaciones.

El «Grupo de Miami», integrado por Estados Unidos, Argentina, Australia, Canadá, Chile, Nueva Zelanda y Uruguay, y que es responsable de la mayor parte de la producción mundial de OGM, apela al libre comercio y en cuestión de salud compara este producto al tabaco.

Es por esto que organizaciones ecologistas y otras asociaciones asistentes a esta conferencia asumieron la bandera de recordar los principales riesgos que entraña jugar a dioses con los alimentos.

El activista de Greenpeace Eric Gall, responsable de vigilar la acción de la Unión Europea (UE) en materia de transgénicos, indicó este jueves que el proceso de creación de OGM es altamente aleatorio, «ya que cuando se introducen nuevos genes en otros organismos pueden mutar de manera impredecible».

El suelo en el que se planta la nueva semilla y las condiciones climatológicas también influyen en el resultado, agregó Gall.

«La ingeniería genética -prosiguió- permite la creación de especies que nunca habrían podido aparecer de forma natural y contribuyen a modificar la cadena alimenticia».

Organizaciones ecologistas como Third World Network o el Grupo ETC han denunciado en Kuala Lumpur en esta conferencia que el uso de la biotecnología ha causado catástrofes medioambientales, como ha ocurrido con el maíz en México y el algodón en la India.

Estos grupos acusan directamente a Estados Unidos de intentar minar el Protocolo de Cartagena sobre bioseguridad para defender los intereses de sus multinacionales, sin reparar en las consecuencias a la naturaleza.

Según un informe publicado por Third World Network, con sede en Malasia, las compañías químicas Mosanto, Delta and Pineland, Pioneer y Syngenta emplean los suelos vírgenes de países como Colombia, Filipinas, Sudáfrica y Zimbabue para probar los efectos de sus últimos descubrimientos biotecnológicos.

«Monsanto usa Kenia para experimentar los efectos de sus nuevos cultivos, lo que tiene sentido porque buena parte de las semillas que modifican provienen del sur», apostilló Gall.

Según Greenpeace, ésta es una práctica común en el Tercer Mundo, debido a la inexistencia de mecanismos y leyes que regulen sobre ingeniería genética.

El bloque del Tercer Mundo teme que esta situación se vuelva irreversible en los años próximos y, por ello, piden en este foro que los más pudientes colaboren financiera y técnicamente.

Estados Unidos tiene el 63% de cultivos biotecnológicos del planeta, mientras que países como Brasil, China, Filipinas, Honduras o Sudáfrica no alcanzan en conjunto más del 10%.

En Europa, España es el país que cultiva de manera más intensa plantaciones biotecnológicas, en torno a 32.000 hectáreas de maíz, seguido por Rumanía, metido en la soja modificada genéticamente.

Fuentes del Ministerio español de Medio Ambiente precisaron que estos cultivos se llevan a cabo según los procesos de control y calidad estipulados por la UE, y cumplen con todas las disposiciones en la materia.

En España se cultivan 30 variedades de maíz transgénico, todas ellas aprobadas según las directivas de etiquetado y viabilidad impuestas por Bruselas.

(EFE)