Uruguay crece por el boom de los precios y no por su capital humano

“Si hacemos menos inversión en capital humano, la tasa de crecimiento de Uruguay será más baja. Esto no se ve hoy, por el boom intensivo en tierra, y no en capital humano. O sea el capital humano está escondido, esperando que se apague este boom de los productos que Uruguay vende, el boom de los commodities. Pero el rezago en el capital humano lo veremos cuando China comience a estornudar, que en algún momento ocurrirá”, expresó el economista Claudio Sapelli*, experto en economía de la educación, en el evento organizado por ACDE y Uruguay al Futuro, el Centro de Análisis y Propuestas de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Uruguay (CNCS), titulado “Rentabilidad de la educación: ¿nos espera una oferta laboral menos calificada?”, que se realizó hoy, jueves 20, en el Salón de Actos de la Bolsa de Comercio. Como comentaristas del trabajo presentado por Sapelli participaron la Dra. Dernise Vaillant*, especialista en Planificación y gestión de sistemas educativos y en formación docente y el Dr. Pablo da Silveira*, Director del Programa de Gobierno de la Educación en la Universidad Católica del Uruguay.

 

 

“El aporte del capital humano al PIB, al crecimiento del país, sufrió un fuerte impacto y ahora está estancado. Tenemos problemas importantes de productividad, eso es lo que nos dicen los números, mala calidad y menos educación. La masa de trabajadores hace un menor aporte al PIB. La inversión en capital humano tiene una tendencia estancada hace mucho tiempo, o sea el motor del crecimiento es el precio de los commodities, y cuando este viento de cola se apague, surgirán los problemas”, vaticinó Sapelli.

 “Sería un error pensar que arreglando solo el sistema educativo solucionamos el mercado de trabajo”, señaló el expositor. “La prueba Pisa, que ha sido muy polémica, no tiene nada de polémica porque es el termómetro, es una prueba estandarizada, donde se ha hecho un gran esfuerzo por preguntar sobre las habilidades para participar en el mercado de trabajo. Esa prueba dice algo de Uruguay, están incluidos los países desarrollados y algunos en vías de desarrollo que voluntariamente quieren participar. La prueba dice que Uruguay está empezando a perder el liderazgo que tenía en América Latina, y lo está perdiendo con Chile. Aquello de que la educación era una promotora de la igualdad, se está perdiendo. La prueba indica que a Uruguay le va mal, y el sistema educativo en lugar de atenuar las diferencias de origen, las aumenta. De todos los países de la Pisa, Uruguay tiene la más alta desigualdad de resultados”.

Sapelli explicó que en su trabajo él hace un enfoque de generaciones. “En lugar de tomar el promedio de las generaciones, miro el promedio por cada generación, donde se puede ver a dónde estamos yendo. Esos indicadores nos hablan de situaciones que a veces no se ven en los promedios de todas las generaciones. De la generación nacida en 1988, cuando cumplía 20 años, ¿cuántos tenían secundaria completa? Esta fue la pregunta. Esta estadística, cuando la vi, me preocupó, tuvo hasta consecuencias físicas en mí. En América Latina, hay un país que se destaca, otros que están algunos escalones por debajo. El mejor es Chile, con un 80%, o sea el 80% completó la secundaria. Uno sigue bajando y encuentra a Uruguay en el último pelotón, con 36% de personas que terminaron secundaria, junto a los países centroamericanos”. Sapelli insistió en que si se mira el promedio general, de todas las generaciones, los números son más altos, “pero analizado por generación, se ve que estamos involucionando. En Chile, a diferencia de Uruguay, los números promedio son peores que Uruguay, pero mirado por generación, son mejores. Y los países desarrollados tienen más de 90% de los estudiantes que completaron la secundaria”.

Para el expositor, “las generaciones más jóvenes son las que nos dicen si lo estamos haciendo bien o mal. Ahí está el foco. Es además lo que nos cuenta qué va a pasar con el mercado de trabajo, nos habla del futuro”.

Sapelli consignó que “los indicadores promedio son buenos en los países estables. En Estados Unidos, para todas las generaciones, tenemos el mismo número, 90% finalizaron secundaria en los años 50, 60, 70, hasta hoy”.

Este método, explicó Sapelli, “nos habla de un estancamiento en el número de años de educación en las generaciones jóvenes. No hay perspectiva de alcanzar los 13 años de educación promedio que tienen los países desarrollados. El número de Uruguay es 10 años y poco, mientras que Chile tiene 12. No convergemos con los países desarrollados y tenemos el riesgo de divergir”.

En cuanto a la tasa de retorno de educación, “eso significa que yo gano más si me educo más. El que termina secundaria evalúa si le conviene hacer la educación terciaria, porque va a ganar más. El costo más importante es el costo de oportunidad, o sea por estudiar, la persona deja de hacer otras cosas. Eso es el costo y así se obtiene una tasa de retorno. Las tasas en Uruguay no son malas. Si me paro al principio del proceso de toma de decisiones de educarme, el análisis no es malo, incluso al final de la educación terciaria encontramos una tasa de retorno muy interesante, en promedio. Pero termina siendo una inversión riesgosa, porque no se sabe si se terminará la educación terciaria, y además es riesgoso porque hay problemas de empleabilidad para las personas con alto nivel educativo”.

A ello se agrega, indicó Sapelli, “que en el estudio detectamos pisos salariales que implican que los que se educan poco, tienen niveles de salario seguros, mientras que los que se educan mucho, tienen niveles riesgosos de salario”.

El nivel de 10 años de educación promedio por generación “está estancado en Uruguay. Y puede verse que esto no es reciente, partió en las generaciones nacidas en los 60, o sea el estancamiento tiene raíces profundas”, expresó. “Es interesante advertir que con Chile las líneas se cruzaron en las generaciones nacidas en los 50. Esto nos habla de que se cruzaron cuando se acaba el gran boom de las exportaciones que se inicia con la Segunda Guerra Mundial y luego la guerra de Corea. A partir de ahí, la curva de Chile y Uruguay comienza a divergir, Chile se estabilizará en 13 años, que es el promedio de los países desarrollados”.

Sapelli observó que “la distribución se volvió más concentrada, porque hubo un piso en los salarios, o sea alguien que tiene educación primaria, no depende de su productividad o contracción al trabajo, sino que su salario está garantizado. El mercado de trabajo da señales que si uno termina primaria y se acuesta a dormir, tiene garantizado su trabajo, y esto no es una buena señal. Las tasas de retorno no son tan preocupantes, pero hay un tema de riesgo y empleabilidad. Las personas con primaria y secundaria tienen un sueldo asegurado, o sea hay poco incentivo de desempeñarse bien, lo que tiene que ver con la productividad y con seguirse educando. Es decir que el ingreso de los que tienen educación terciaria no ha cambiado demasiado. Los que tienen educación terciaria no tienen ninguna garantía, o sea es una inversión riesgosa, hay premios pero muchos riesgos. Entonces uno piensa que es mejor quedarse con menos educación y arriesgar menos”.

Para el expositor, “las tasas de empleo tienen una evolución preocupante, que se puede atar con el fenómeno de la migración, que implica que muchos de los que hacen educación terciaria terminan emigrando. O sea si bien las tasas de retorno de la educación terciaria en Uruguay son razonables, son menores que otros países, como Chile o los países desarrollados. Y como la educación en Uruguay es gratuita, es atractivo culminar la educación terciaria en Uruguay y emigrar”.

El expositor dijo que “en el mundo moderno, donde aspiramos a que todos tengan algún grado de entrenamiento de educación terciaria,  nos encontramos con que estas personas se encuentran con problemas de empleo”.

Sapelli añadió que “cuando yo pongo un piso, donde garantizo un salario independientemente de la productividad, lo que hago es que las políticas sociales la terminan haciendo las empresas. Esto hace que a la larga las empresas terminarán empleando a los que tengan una productividad atractiva, u otras pasarán a la informalidad, o la economía gris, que produce bienes prohibidos. Este achatamiento de la curva salarial que es propia de mercados de trabajo muy sindicalizados, es parte del problema. Los que tienen empleo están relativamente bien. Y se tiende a pensar que el piso lo tengo aunque no haga las cosas bien”.

Volviendo a la prueba Pisa, Sapelli indicó que “cuando se le analiza surgen temas como rendición de cuentas, autonomía y libertad de elección. Toda organización pone objetivos y los funcionarios rindan cuentas. Y esto está asociado con exámenes. Necesitamos establecer objetivos y monitorear si se cumplen. Para ello se requiere cierta autonomía. O sea si a la gente no le sirve una escuela, debe tener alguna alternativa. Ninguno de estos tres factores, que están asociados al éxito, existen en Uruguay”, culminó.

 

Denise Vaillant

Denise Vaillant comenzó señalando que ella viene “del mundo de las ciencias de la educación, y es innovador que nosotros estemos hablando hoy con la economía de la educación”.

Dijo que “estamos ante una situación de alerta del que todos debemos ser conscientes. La pregunta es cuáles son los incentivos para educarse. Esto tiene que ver con los salarios pero también con otros temas. El mercado de trabajo en Uruguay está muy regulado, hay mucho empleo público. La conclusión del trabajo de Sapelli es que no rinde estudiar en Uruguay”.

Un aspecto clave, dijo Vaillant, es que “en Uruguay hay muchos estudiantes que vienen con capital social y cultural considerable y otros vienen con casi nada, y esto obliga a estrategias diferentes. La educación es un bien social que tiene que ver con la construcción de ciudadanía, y esto implica un umbral mínimo, lo que se ha denominado umbral de educabilidad. Esto es básico para la dimensión económica y de ciudadanía. En Uruguay llegar a ese umbral, es muy heterogéneo, porque depende del lugar de dónde se proviene. Por ejemplo, los docentes que ingresaron en los últimos diez años, ingresan con menos capital social y cultural que los que ingresaban antes. La profesión docente es menos atractiva y esto tiene profundo impacto en la educación”.

Vaillant señaló, al igual que Sapelli, que “el crecimiento de Uruguay de los últimos años se debe el aumento de los productos exportables y no a un aumento de la productividad. Pero no se puede culpabilizar a la educación de todos los males de la sociedad. Uruguay, hoy, tiene la ‘enfermedad holandesa’, como se le llama, con un vaciamiento de capital humano, por lo que se depende de la exportación de commodities, y eso hace que el país tienda a descuidar la discusión. No hay decisiones políticas porque se sigue creciendo sin la educación. Los países que tienen mejor resultado educativo en las pruebas Pisa, como Singapur, invierte enormes esfuerzos en educación porque son pobres en commodities. El problema en Uruguay es que la educación se ha desarrollado a espaldas del país productivo”.

Vaillant dijo que “la prueba Pisa nos muestra que estamos mal, pero estamos mal en relación a nosotros mismos y a la región. Estamos viviendo una tensión entre una agenda del siglo 20, con lo que nos quedó por hacer, en cuanto a la calidad educativa, y una agenda del siglo 21 que es acuciante y que nos plantea educar en una sociedad del conocimiento y de la informática”.

A ello se suma, según Vaillant, que “en Uruguay se ha perdido la valoración social de la docencia. Hoy ser docente, ser maestro no es un valor. O sea hay un discurso contradictorio, que dice que la educación es clave, pero no se valora al docente y al maestro”.

La experta concluyó diciendo que “la educación es demasiado importante para dejarla solo en manos de Anep, es un tema de todos”.

Pablo da Silveira

“Mi lectura, como la de Denise Vaillant, no es de un especialista en economía. El capital humano no son las personas, sino la capacitación y las destrezas de las personas”, comenzó señalando da Silveira.

“Los resultados de lo que expresó Sapelli son muy convergentes con lo que hoy se ve al analizar la deserción de los estudiantes, las tasas de repetición, o sea son las dos caras de una misma moneda. Sapelli muestra bien cómo las cosas están estancadas o empeorando. Y a la sociedad uruguaya le cuesta entenderlo, hay luces de alarma pero no se encendieron todas las luces de alarma”.

Pablo da Silveira expresó que “cuando los uruguayos decimos que la enseñanza anda mal, básicamente nos comparamos con nosotros mismos, con el pasado, pero todavía no percibimos en la magnitud correcta, que estamos empeorando día a día comparado con nuestros vecinos. Y no integramos información. Por eso cuando se analizan los resultados de Pisa, se dice que se hizo un gran esfuerzo por aumentar el número de estudiantes, por lo que es lógico que caiga la calidad. Pero en América Latina ocurre lo contrario, tienen éxito en aumentar la cobertura y al mismo tiempo tienen éxito en aumentar la calidad. Los que vamos a contramano somos nosotros. Lo mismo vale con los años de educación, como lo señalaba Sapelli. Estamos yendo al revés de todo el mundo, nos hemos convertido en una rareza. La magnitud del desastre es mayor de lo que creemos”.

En segundo lugar, da Silveira dijo que “me impresiona ver lo poco que pagan los estudios universitarios en Uruguay, en riesgo, en tasa de retorno, en empleabilidad, cuando se compara con otros países. Esto apunta a un gran tabú de Uruguay, que son los costos de la igualdad. Esto ocurre cuando la pirámide de ingresos está achatada. Esto no es un argumento contra la igualdad, pero creo que en Uruguay se cree que avanzar hacia la igualdad no tiene costos, pero tiene, sí. Uno tiene que conocer el camino que toma con sus costos y beneficios”.

Da Silveira coincidió en que “el crecimiento de estos años ha sido intensivo en tierra y no en capital humano, pero además de esto uno puede preguntarse por qué los uruguayos están tan preocupados en invertir en esta educación. Tal vez la enseñanza superior uruguaya no está convocando, no los incentiva a asumir más riesgos, a invertir en ese camino. O sea, no todo es debilidad de la demanda, sino una  parte importante es la baja calidad de la oferta”, concluyó.

* Ver la presentación en power point de la ponencia de Claudio Sapelli 

* Dr. Claudio Sapelli, Economista de la Universidad de la República Oriental del Uruguay, PhD de la Universidad de Chicago, Director docente y Profesor de la Universidad Católica de Chile en diversas áreas entre las que se destaca Economía de la Educación.

* Dra. Denise Vaillant, Ph.D. en Educación de la Universidad de Quebec. Licenciada  en Ciencias de la Educación. Especialista en Planificación y gestión  de sistemas educativos y en formación docente. Integrante del Comité de la Asociación Mundial de  Educación Comparada. Miembro del Board del Internacional Council on  Education for Teaching. Presidente del Comité Científico del  Observatorio Internacional de la Profesión Docente.

* Dr. Pablo da Silveira, Doctor en Filosofía por la Universidad de Lovaina (Bélgica), institución en la que también se desempeñó como investigador. Actualmente es profesor de Filosofía Política y Director del Programa de Gobierno de la Educación en la Universidad Católica del Uruguay. Es investigador categorizado del Sistema Nacional de Investigadores uruguayo.