Uruguay dice que diálogo con Argentina será ‘complicado’

El canciller Reinaldo Gargano, por su parte, se mostró satisfecho y dio a entender que lo positivo de este encuentro es que al menos los dos países retomaron contactos cordiales gracias a las gestiones de la Corona española.

Pero la discusión de fondo arranca hoy en las afueras de Madrid, cuando ambas delegaciones comiencen a plantear sus posturas en el Palacio de la Quinta, en la zona del Monte del Pardo.

Durante dos días uruguayos y argentinos intentarán poner a prueba las fórmulas que harían posible una salida negociada. Pero lo cierto es que Uruguay llega a esta instancia con escaso margen de maniobra. Así lo dejaron entrever a El País los integrantes de la delegación que, apenas sorteando las reglas de extrema reserva que impuso la Cancillería española, pudieron dar brevemente su parecer. La razón es simple: si Argentina hace eje en la relocalización de la planta de Botnia, Uruguay no tendrá otra opción que negarse y con ello nuevamente se alejarán las posibilidades de una solución consensuada.

No sólo los rioplatenses siguen con atención los prolegómenos del diálogo en medio del bullicio madrileño. El gobierno de Finlandia consideró seriamente enviar a un representante diplomático a monitorear la evolución de las conversaciones. Finalmente no lo hizo, según pudieron constatar periodistas de la televisión estatal finlandesa que estaban apostados desde temprano en el Palacio de Santa Cruz, la sede de la diplomacia española. De todas formas ello es un fuerte indicio de la acusada preocupación con que el gobierno de Finlandia sigue el tema.

PRIMER ROUND. La jornada comenzó temprano para la delegación que encabeza el canciller Gargano. A la hora 5 de Madrid los ocho integrantes de la representación uruguaya llegaron al aeropuerto de Barajas. Los esperaba el embajador Ricardo González que condujo a los recién llegados hasta la sede ubicada en el Paseo del Pintor Rosales.

Luego de un breve receso, los integrantes de la delegación se dirigieron al que sería su alojamiento durante toda la estadía en Madrid, un señorial hotel ubicado a escasa distancia del Palacio de la Quinta. Ambas delegaciones se alojan allí, probablemente en un gesto deliberado de la Cancillería española por acercar las partes. De hecho, el acercamiento se produjo dado que al disponerse a partir para la sede de la Cancillería en el centro de Madrid, uruguayos y argentinos se estrecharon las manos en el lobby del hotel.

A la hora 19.35 llegaron los coches oficiales que trasladaban a las delegaciones a la Plaza de la Provincia donde se ubica la Cancillería. Unos 45 minutos antes había llegado al Palacio el embajador Juan Antonio Yáñez Barnuevo, el verdadero artífice del diálogo.

Varios medios argentinos, y algunos uruguayos -entre ellos El País- aguardaban a las puertas del Palacio, pero ninguna de las delegaciones se detuvo ante el reclamo de los periodistas. Las reglas de la Cancillería española eran claras: diálogo, pero bajo estricta reserva.

Pocas horas antes el canciller español Miguel Angel Moratinos había tratado de desestimular a los medios: «No esperen grandes noticias de este encuentro».

La reunión formal comenzó de inmediato, pero fue restringida a los titulares de ambas delegaciones. En una mesa de conferencias del Salón Azul del Palacio se sentaron a un lado el canciller Moratinos y el embajador Yáñez Barnuevo; al otro lo hicieron por su orden Jorge Taiana, Alberto Fernández, Reinaldo Gargano y Gonzalo Fernández. El propósito de esta primera reunión era el de fijar las reglas, algo así como el sermón del árbitro antes del primer asalto. Una vez que esto quedó en claro -la reunión duró 50 minutos- las delegaciones fueron invitadas a una cena de agasajo para 27 personas en los salones del Palacio.

Al terminar la cena Taiana evitó a los medios, en su mayoría argentinos, en cambio Gargano se detuvo un instante para comunicarles a los periodistas que se sentía «satisfecho» por el inicio del diálogo. Cuando se le preguntó de qué manera los dos países podrían superar el diferendo, Gargano sostuvo que ello sería posible si se buscara «un diálogo franco y trabajando con honradez».