Uruguay plantea el cese del bloqueo para negociar salida

El tenor de las acusaciones cruzadas entre ambas delegaciones evidenció, más que nunca, la tirantez entre los dos países del Plata. «Ellos sí han estado agresivos. No me esperaba de Uruguay la utilización de ciertos términos», sostuvo la embajadora Susana Ruiz Cerrutti, titular de la delegación argentina, al hacer balance de las dos audiencias en la Corte.

Luego de la breve introducción del embajador Héctor Gros Espiell, el profesor escocés Alan Boyle, experto en derecho y medio ambiente, se ocupó ayer de desmontar pieza por pieza las alegaciones argentinas.

«CHANTAJE». Boyle intentó demostrar que Argentina había rechazado las acusaciones apelando, incluso, al manejo de «estadísticas equivocadas» en materia de flujo comercial y turístico entre los dos países. «La única respuesta de Argentina ha sido citar la estadística engañosa (proporcionada ayer por primera vez), que está basada en gran parte en los períodos en los que no estaban los bloqueos, lo cual no nos dice nada», apuntó Boyle.

El jurista escocés también respondió a lo que su colega francés, Alain Pellet, había alegado el día anterior en cuanto a que Uruguay pretendía de la Corte lo que no había obtenido del Mercosur. «El Mercosur no es un organismo medioambiental, no es el lugar al que llevarían disputas ambientales. Obviamente la disputa ambiental sobre las plantas de celulosa era irrelevante en cuanto a la violación de los términos del tratado comercial, y ese es el único punto que Uruguay trata de formular», puntualizó. «En ningún lugar Uruguay le pidió a la Corte aplicar o interpretar acuerdos del Mercosur», agregó.

Y también llamó la atención sobre un punto muchas veces mencionado por Argentina: «Si Uruguay debe poner fin al proyecto de Botnia para proteger su turismo y economía, será un daño irreparable. Si Botnia parte, la Corte no tiene poder de hacerla volver», razonó Boyle.

A su turno, el profesor florentino Luigi Condorelli rebatió las argumentaciones argentinas que pretendían que Uruguay exagera los efectos del bloqueo. «¿Sería realmente serio afirmar que Su Majestad el rey de España haya decidido ofrecer sus buenos oficios para ayudar, si es posible, a arreglar un diferendo que no sería otra cosa que una simple bagatela?», cuestionó Condorelli.

Por su parte, Argentina insistió ayer en el punto. «¿Dónde está el vínculo entre el hecho de que manifestantes protesten por la construcción de una usina gigante frente a la ribera donde viven y una amenaza de daño irreparable contra los derechos del otro país de construir esa usina? La Corte no juzga intenciones o móviles, la Corte juzga hechos», procuró rebatir el jurista argentino Marcelo Cohen, a su vez.

La Corte se reunirá ahora para debatir en torno al pedido de Uruguay y los argumentos de Argentina. El receso comienza el 23 de diciembre, por lo que difícilmente resuelva antes de mediados de enero.

Al cerrar su exposición el embajador Gros pidió a la Corte que, haciendo uso de su jurisdicción, aplicara medidas cautelares contra Argentina. El argumento central para ello fue que «esta ausencia de presiones -en particular, de los bloqueos de las carreteras y puentes- es una condición inevitable para llegar a una negociación».