¿Usted negociaría con alguien que lo agravia a usted y su familia?

La relación con el sindicalismo de esos sectores se complica por diversos factores. Uno de ellos es el tema ideológico. Su afinidad política es ostensible.

Otro factor es que la legislación es inadecuada. La ley de negociación colectiva fue una ley inconsulta. Es una ley que viola una gran cantidad de principios que defiende la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Además, se sancionaron otras leyes, de menor importancia que la anterior, como la de abreviación de los juicios laborales, y también ocurrió la derogación de un decreto que admitía el desalojo de las ocupaciones en lugares de trabajo, pero que, de todas formas, contribuyen a que la relación entre sindicalismo y empresarios sea complicada. Luego está la conducta.

¿Usted negociaría con alguien que lanza agravios contra usted y contra su familia? Yo creo que no. Y eso es una realidad también. Es un factor que contamina la relación.

Uno de los preconceptos que plantea el sindicalismo es que los empresarios siguen manejándose con una cabeza de otro siglo.

Y algunos sindicalistas hablan de la lucha de clases. Es hablar de algo que pasó de moda. A mí me cuesta entenderlo; porque yo no sé de qué clase soy. ¿Cómo se define una clase social? Y sí, nosotros tenemos una mentalidad de otro siglo. Pero una mentalidad del siglo XXI o del siglo XXII. Es la mentalidad del trabajo, del progreso, de la globalización de la economía, de la generación de valor.

Algunas empresas han advertido que el clima de conflictividad laboral perjudica la productividad. ¿Existe el riesgo de pérdida de estas inversiones o de captar nuevas?

La primera queja u observación que han hecho las empresas chinas y japonesas instaladas en el país es que la productividad en Uruguay es baja.

Para los ciudadanos el nivel de conflictividad es normal; es algo de rutina, pero la gente de afuera no lo entiende. Cada vez más analizan las relaciones laborales como la escala de mercado o la composición de mercado como un factor ventajoso para instalarse en un país. Por eso debemos cuidar el clima de confianza y tranquilidad, como pide el presidente José Mujica, para las inversiones, pero también para todos los emprendimientos uruguayos.

Otro preconcepto sobre los empresarios es que solo les importa su cuenta bancaria y no el beneficio económico del país; sin embargo, la mentalidad del siglo XXI o XXII, como señala usted, corresponde a objetivos que, ¿no deberían ser compartidos por las dos partes?

A los empresarios nos interesa que la sociedad sea lo más rica posible; lo más generadora de valor y de recursos posible. Pensemos en la premisa de que solo nos importa nuestra billetera. Ser millonario rodeado de pobreza y de miseria es imposible.

Nos interesa que la sociedad mejore a base de trabajo y progreso. Si somos tres millones de uruguayos, si todos nos alegramos cuando Uruguay alcanzó el cuarto puesto en el Mundial y todos festejamos los triunfos deportivos y culturales de los uruguayos en el mundo. ¿Por qué no podemos sacarnos juntos la foto?

Así lo dijo Juan Castillo esta semana.

Lo dijo un sindicalista esta semana que en privado dice otra cosa y en público agravia a los empresarios. ¿Por qué no podemos estar en el mismo equipo? No sirven los agravios en público y las disculpas que se piden en privado.

Ahora no hay clima para negociar o para lograr una convivencia de la mejor forma posible cuando, por ejemplo, la primera medida de protesta es un paro, o una huelga, o una ocupación; son medidas que perjudican a todos.

Pensamos que se debe promover una negociación bipartita con el gobierno, pero sin que este se inmiscuya; luego hacerla tripartita.