Valor de la tierra duplica al de 2005

El hacendado uruguayo Alberto Gramont interrumpe su almuerzo familiar para contestar el teléfono. La llamada, dice volviendo a su bife, era de un empresario brasileño procesador de carne que se ofrecía a comprar su tierra. “No vendo ninguna de mis haciendas, pero siempre he ido contra la corriente”, dice Gramont, de 66 años, cuyas tierras cubren un área del tamaño de Manhattan. “Aquí todo el mundo está vendiendo su tierra”.
Es posible que un tercio de las propiedades agrícolas uruguayas estén ahora en manos de extranjeros, según la Asociación Rural del Uruguay. Entre ellos hay compañías agrícolas como PGG Wrightson Ltd., de Nueva Zelanda, y Adecoagro, con sede en Buenos Aires, que es respaldada por el inversor multimillonario George Soros.

Los compradores internacionales, buscando aprovechar los crecientes precios de los alimentos, se sienten atraídos por la tierra relativamente barata de Uruguay, una política que alienta la inversión extranjera, y la ausencia de impuestos a las exportaciones agrícolas, dijo Roberto Vázquez Platero, ex ministro de Agricultura del país. En consecuencia, los precios de la hectárea subieron a más del doble en tres años.

La tierra uruguaya de primera calidad cercana a la frontera con Argentina cuesta ahora US$ 7.000 por hectárea, frente a los US$ 3.000 por hectárea en 2005, dijo Michael Thomas, gerente general de NZ Farming Systems Uruguay Ltd., que es gestionada y pertenece en parte a Wrightson, la mayor compañía de servicios agrícolas de Nueva Zelanda.

En las fértiles llanuras argentinas, llamadas comúnmente pampas, la hectárea cuesta hasta US$ 10.700, según el boletín de noticias agrícolas Márgenes

Agropecuarios.

“La región occidental se ha encarecido porque han venido argentinos a sembrar soja”, dijo Thomas en una entrevista telefónica desde Christchurch, Nueva Zelanda.

Precios de los alimentos. Los precios de las haciendas han subido por el aumento del consumo mundial de cereales, oleaginosas y carne. Como resultado, los valores de los alimentos subieron más de 43% en 12 meses, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En Uruguay, los hacendados argentinos no enfrentan los mismos impuestos y controles de precios que en su propio país. Después de cuatro meses de protestas, los productores argentinos obligaron a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a cancelar un alza de las retenciones a la exportación de oleaginosas de más de 45%, desde 35%.

El impuesto eliminado habría tornado el cultivo de la soja poco lucrativo para muchos agricultores, que ya tenían dificultades debido al gravamen del 35%, dijo Eduardo Buzzi, que encabeza la Federación Agraria Argentina.

En cambio, Uruguay, cuya población de 3,3 millones de habitantes es menos de un décimo de la de Argentina, les cobra a los agricultores un impuesto uniforme de 25% sobre su ingreso.

Inversiones bien recibidas.“Lo que hizo Uruguay fue simplemente no entrometerse”, dijo Eduardo Blasina, analista del sector agrícola de Montevideo. “Las inversiones eran bien recibidas”.

Las reglamentaciones argentinas que obligan a los procesadores de carne a vender tres cuartos de su producción al mercado interno a precios con tope máximo podrían ocasionar una caída de la producción y exportaciones de carne vacuna del país, dijo Hugo Biolcati, vicepresidente de la Sociedad Rural Argentina.

Los controles hacen que los hacendados envíen crecientes números de vacas para reproducción al matadero, lo que hará que los rebaños del país declinen en los próximos años, agregó. Al mismo tiempo, el aumento de inversiones expandirá los rebaños en Uruguay, cuyo territorio cubre un área más pequeña que la provincia de Buenos Aires. Es “solo una cuestión de tiempo” antes de que Uruguay supere a Argentina como exportador de carne vacuna, dijo Biolcati.

Argentina era el quinto exportador de carne vacuna por volumen en 2007, mientras que Uruguay se ubicaba octavo, según el Departamento de Agricultura de EEUU.