Ya se piensa en una fórmula Obama-Hillary o Hillary-Obama

Fue Hillary Clinton, ganadora en las primarias de Texas, Ohio y Rhode Island, la que lanzó en la misma noche del martes la idea de abrir las puertas para una posible unión de fuerzas de los dos candidatos demócratas, dejando en suspenso, claro, el camino para determinar el primer lugar en la fórmula.

Barack Obama no rechazó la sugerencia, pero enfatizó que se consideraba con respaldo suficiente para derrotar, sin nuevos apoyos, al senador republicano, John McCain en la puja presidencial del 4 de noviembre.

Pero las bases del Partido Demócrata se han pronunciado reiteradamente, entre bastidores, sobre la oportunidad de llegar a un entendimiento entre Clinton y Obama, única forma de poner fin a los durísimos enfrentamientos que se vienen sucediendo desde el comienzo de las Primarias.

Además todo parece indicar que ninguno de los dos senadores en liza alcanzará antes de la Convención del 4 de agosto el número de delegados requerido, 2.025, para acceder directamente a la nominación presidencial. Obama cuenta con 1.482; Clinton con 1.390.

La definición quedaría pendiente de una difícil negociación que, todos palpitan, auparía la chance de John McCain, hoy luchando en sus propias filas, contra el desprestigio y la impopularidad del presidente George W. Bush, una situación económica interna grave y los interminables conflictos bélicos de Irak y Afganistán.

¿Resultó una sorpresa el triunfo de Hillary Clinton en Texas, Ohio y Rhode Island? Los sondeos hasta principios de enero daban amplia ventaja, hasta 20 puntos porcentuales a Hillary, que coincidentemente las empresas especializadas y los medios de opinión fueron reduciendo para vaticinar en los últimos días un resultado negativo en Texas y muy parejo en Ohio.

El carisma y la facilidad de palabra de Obama jugaron un rol clave en la convocatoria a los numerosos indecisos y el cambio de voto de la ex primera dama hacia el senador por Illinois. Pero nadie puede ocultar que desde el 3 de enero, cuando comenzaron las Primarias, surgió una extraña campaña mediática contra la familia Clinton y una suma de loas -y a veces exageraciones- sobre el cambio que prometía Obama y su aparente invencibilidad, que crearon casí una mística corriente ubicándolo como seguro ganador y sugiriendo, sin mayores disimulos, la conveniencia del retiro de Hillary.

Sin embargo, nada está definido entre los demócratas. Solo una diferencia de 92 delegados cuando se exigen 2.025 para la nominación dan la idea de las horas de tensión e incierto pronóstico que van a correr. Quedan ahora por delante 13 primarias. Ya en este mes de marzo se sucederán las de Wyoming (que aportan 18 delegados a la convención) y Mississippi (40), donde las encuestadoras preanuncian una victoria de Barack. Luego el punto más importante lo marcará Pennsylvania, el 22 de abril, que importa 188 delegados y ahí se dan mayores posibilidades a Hillary Clinton.

La guerra entre los dos candidatos demócratas ante estos números puede resultar feroz. Aparentemente el único camino para evitar el choque es alcanzar la fórmula común. O dejar todo en mano de los superdelegados, elegidos con total libertad de voto, entre miembros destacados del partido: ex presidentes, gobernadores, legisladores; unos 800 en total.

Este es un elemento que puede ocasionar fricciones si no se respeta el pronunciamiento popular, pero creado para evitar que puedan catapultarse candidatos muy alejados del pensamiento demócrata. Se afirma que Hillary, hasta ahora, contaría con mayor apoyo de este sector de la Convención.

John McCain, ya como candidato elegido de los republicanos (superó la barrera de los 1.191 delegados requeridos), visito ayer al presidente George W. Bush, en la Casa Blanca, especialmente invitado para recibir las felicitaciones del mandatario.

Los «halcones», la línea ultra de los republicanos, hizo llegar sus diferencias con McCain, mientras los «moderados», muy anti-Bush y anti-Dick Cheney (el vicepresidente), discrepaban con el encuentro a esta altura de la carrera electoral.

La clave para la suerte de los republicanos la marcará, sin duda, la elección del compañero de fórmula, la marcha de la economía y el futuro inmediato de los conflictos de Medio Oriente.